jueves, 11 de julio de 2019

VAMOS A HABLAR DEL HÍGADO GRASO



¿Qué es el hígado graso?

Como su nombre lo dice, el hígado graso es la acumulación de grasa en el hígado, y hay dos tipos principales:

  • Higado graso alcohólico (Esteatosis hepática alcohólica).
  • Higado graso no alcohólico.
Aquí vamos a detallar exclusivamente al hígado graso no alcohólico. Les hago una pregunta: ¿Es posible que el hígado se pueda dañar y padezcas cirrosis sin haber tomado nunca alcohol? 

La respuesta es SI.  Hay un tipo de enfermedad en el hígado que no se relaciona con el alcohol y se llama: Hígado graso no alcohólico y este tiene dos etapas también:

  • Hígado graso simple (NAFLD): Hay grasa en el hígado, pero poca o ninguna inflamación o daño en las células del hígado.

  • Esteatosis hepática no alcohólica (NASH): Existe inflamación y daños en las células del hígado, y grasa. La inflamación y el daño de las células del hígado pueden causar fibrosis o cicatrización del hígado. La esteatosis puede causar cirrosis o cáncer de hígado. 
El hígado graso simple (NAFLD) es una enfermedad silenciosa y suele no causar síntomas y si hay síntomas, estos suelen ser fatiga o molestias en la parte superior derecha del abdomen.

Es muy importante distinguir entre el hígado graso simple y la NASH, ya que la esteatosis nos lleva a la fibrosis, cirrosis y finalmente cáncer de hígado.

Con esta introducción ya podemos hablar de las causas del NAFLD y NASH...


CAUSAS DEL HÍGADO GRASO

Aún veo con asombro como en muchos lugares médicos al mencionar la causa del hígado graso no alcohólico se dice:  "causa desconocida".  Como si te hubiera tocado la lotería... ahh, que mala suerte, me tocó a mi.

Nada está mas alejado de la realidad. Podemos mencionar tres causas principales del hígado graso no alcohólico:

  1. Grasas saturadas.
  2. Azúcar refinado, sobre todo el jarabe de maíz de alta fructosa.
  3. Alimentos procesados. 
Otros factores de estilo de vida como el ejercicio, el peso, el tabaquismo, también desempeñan un papel muy importante en sus posibilidades de desarrollar alguna enfermedad hepática. 

En este punto, lo más importante que debe usted eliminar de su alimentación son las grasas saturadas de origen animal, la fructosa procesada y los azúcares añadidos  en los alimentos procesados. Si no lleva a cabo esta recomendación, su condición continuará avanzando hacia la fibrosis y finalmente hacia la cirrosis.

La clave para curar el hígado graso puede estar flora intestinal o microbiota. se ha descubierto que la presencia de ácido fenilacético, producido por bacterias en el intestino, favorece la acumulación de grasa en el hígado. 

Es por esto que nuestro modo de comer es FUNDAMENTAL en el hígado graso.


GRASAS SATURADAS
Las personas que consumen mayores niveles de grasas saturadas son más propensas a sentir los efectos de muchas enfermedades, incluyendo el hígado graso no alcohólico. 

La ingesta de grasas saturadas de origen animal aumentan rápidamente el almacenamiento de lípidos hepáticos, el metabolismo energético y la resistencia a la insulina. Todo esto va acompañado de una regulación en la expresión genética del hígado y de una señalización que contribuye al desarrollo de esteatosis hepática no alcohólica.

Una sola comida alta en grasa saturada tiene el potencial de dañar su hígado por lo que me resulta sorprendente que existan médicos y personal de salud recomendando realizar dietas cetogénicas con base en grasas animales. 

Si cambia su dieta a una alimentación saludable como una dieta basada en plantas que contengan grasas saludables, como la del aceite de oliva, la grasa de su hígado se reducirá en unos pocos días. 


AZÚCAR REFINADO Y JARABE DE MAÍZ DE ALTA FRUCTOSA
El jarabe de maíz de alta fructosa solo puede metabolizado por su hígado y si lo consume en grandes cantidades va a terminar dañando este órgano de la misma manera que lo hace el alcohol.

La fructosa es una "toxina hepática crónica e intrínseca" que nos lleva a la formación de radicales libre de superóxido que ocasionan inflamación hepática similar a la del acetaldehído (un metabolito intermediario del alcohol).


TRATAMIENTO DEL HÍGADO GRASO

Las estrategias para regular su función hepática incluyen aumentar la actividad física diaria y un cambio drástico en su forma de comer, orientado hacia una alimentación a base de plantas, esto quiere decir menos alimentos procesados y más alimentos naturales, lo que nos permite optimizar su microbiota intestinal.

También es muy importante alejarse de los medicamentos, muchos de los cuales se metabolizan a través del hígado, como los anticonceptivos, esteroides, analgésicos, estatinas, bloqueadores de ácidos y antifúngicos.

Resulta obvio mencionar que se debe evitar por completo alcohol y el tabaco. 

En Restaurart hemos diseñado un programa de reversión de hígado graso que consiste principalmente en un plan de desintoxicación integral, adopción de un estilo de vida a base de plantas, terapia celular regenerativa y terapia bacteriológica para optimizar de forma definitiva su microbiota intestinal.

Citas 01 (81) 8850-7840 y 41
www.restaurart.mx









lunes, 1 de julio de 2019

LO QUE COMEMOS NOS ENFERMA



El estilo de vida occidental tiene efectos duraderos en la metaflamación.

El consumo crónico de una dieta occidental junto con el comportamiento sedentario causa una inflamación metabólica crónica (denominada metaflamación) y es "memorizado" por las células inmunes innatas a través de la reprogramación celular metabólica y epigenética de larga duración.

Además, las enfermedades relacionadas con los cambios en el estilo de vida, como la diabetes tipo 2, la obesidad y la enfermedad hepática crónica, están creciendo a proporciones epidémicas. Un factor de riesgo clave para estas enfermedades es una dieta occidental, típicamente descrita como rica en calorías y rica en azúcares, grasas trans y saturadas, sal y aditivos alimentarios, pero baja en carbohidratos complejos, fibra, vitaminas y minerales. 

Curiosamente, la inflamación crónica de bajo grado está asociada con el proceso de envejecimiento, así como con diversas enfermedades metabólicas e inflamatorias crónicas asociadas con un estilo de vida occidental. Aunque está bien establecido que la exposición a una dieta occidental es un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades inflamatorias crónicas, no estaba claro si también podría contribuir y mantener una reacción inflamatoria. Los estudios que analizan si existe una relación causal demostraron por primera vez que el consumo de una dieta occidental lleva a cambios tanto cuantitativos como cualitativos en las comunidades de bacterias comensales intestinales (disbiosis) y los metabolitos que producen.

Como la función de las células inmunitarias está continuamente formada por los metabolitos microbianos y otros componentes dentro de sus microambientes, cualquier cambio en estas moléculas puede alterar la capacidad de respuesta de las células inmunitarias. En segundo lugar, el consumo de la dieta occidental altera la integridad de la barrera intestinal, lo que, junto con la disbiosis, promueve la entrada de productos microbianos nocivos en la circulación de la vena porta y la inducción de inflamación sistémica. Además, este "intestino permeable" perturba la señalización de las células inmunes locales, causa una afluencia de células mieloides inflamatorias, promueve un cambio de los macrófagos residentes en el intestino de un estado tolerógeno a un estado inflamatorio y da como resultado una pérdida de células T reguladoras beneficiosas. 

La tercera línea de investigación tiene en cuenta que la inflamación no es necesariamente un fenómeno transitorio, pero puede tener efectos duraderos a través de la inducción de un proceso conocido como inmunidad entrenada. Los hallazgos recientes resaltan que el sistema inmunitario innato tiene características que normalmente están asociadas con el sistema inmunitario adaptativo, es decir, la capacidad de establecer una memoria inmunológica de larga duración. Se ha demostrado que las células inmunes innatas, como las células mieloides, "memorizan" los encuentros inflamatorios con patógenos y responden de una manera adaptada, típicamente sensibilizada, en la reinfección. Esto está mediado por una reprogramación celular metabólica y epigenética de larga duración de las células inmunes innatas y sus precursores y, por lo tanto, puede proporcionar una protección no específica contra patógenos. Aunque la inmunidad entrenada tiene beneficios claros para combatir los patógenos, puede ser perjudicial en situaciones en las que se desencadena por procesos estériles no infecciosos.

Es importante destacar que la inflamación sistémica inducida por la dieta occidental y la reprogramación de los precursores de células mieloides fueron mediadas por la activación del inflamasoma NLRP3, que es un sensor inmune innato clave para muchas señales de peligro ambiental, como el ácido úrico y los cristales de colesterol. La dieta occidental provocó un aumento en la mielopoyesis e indujo inmunidad entrenada tanto en células mieloides diferenciadas como en células precursoras mieloides. Por lo tanto, la dieta occidental es reconocida por el sistema inmunológico como una amenaza para el organismo. 

En conjunto, estos estudios proporcionan mecanismos que vinculan la dieta occidental con la inducción y el mantenimiento de la inflamación de los tejidos y proporcionan una evidencia clara de que el sistema inmunitario está integrado por factores ambientales y obesogénicos.

La mayoría de la población mundial vive en áreas donde el sobrepeso es responsable de más muertes que el bajo peso y con más de un tercio de los adultos en todo el mundo clasificados como sobrepeso u obesos, enfrentamos una pandemia de enfermedades asociadas con el estilo de vida.

Enfrentar la metaflamación relacionada con el estilo de vida requiere establecer estrategias nacionales multimodales que pongan a la salud pública por encima de los intereses de la industria alimentaria y los cabilderos. 

Hay suficientes datos y evidencia epidemiológica para justificar acciones integrales. Se necesitan nuevas políticas para fomentar el uso de proteínas de origen vegetal, frutas, verduras, legumbres, nueces y otros alimentos integrales de alta calidad.

Los niños, en particular, deben estar protegidos de los anuncios depredadores de productos no saludables y los padres deben limitar su exposición a dietas de baja calidad y alentar la actividad física. 

Es hora de financiar y fomentar la prevención de enfermedades y esto debe complementarse con el desarrollo de terapias novedosas.

Citas 01 (81) 8850-7840 y 41


Referencias:

1. Olshansky, S. J. et al. A potential decline in life expectancy in the United States in the 21st century. N. Engl. J. Med. 352, 1138–1145 (2005).

2. Ludwig, D. S. Lifespan weighed down by diet. JAMA 315, 2269–2270 (2016).

3. Reither, E. N., Olshansky, S. J. & Yang, Y. New forecasting methodology indicates more disease and earlier mortality ahead for today’s younger Americans. Health Aff. (Millwood) 30, 1562–1568 (2011).

4. David, L. A. et al. Diet rapidly and reproducibly alters the human gut microbiome. Nature 505, 559–563 (2014).

5. Wilson, Q. N. et al. Greater microbial translocation and vulnerability to metabolic disease in healthy aged female monkeys. Sci. Rep. 8, 11373 (2018).

6. Netea, M. et al. Trained immunity: a program of innate immune memory in health and disease. Science 352, aaf1098 (2016).

7. Christ, A. et al. Western diet triggers NLRP3-dependent innate immune reprogramming. Cell 172, 162–175 (2018).

8. Perez, M. F. & Lehner, B. Intergenerational and transgenerational epigenetic inheritance in animals. Nature 21, 143–151 (2019).

9. Bhaskaran, K. et al. Association of BMI with overall and cause-specific mortality: a population-based cohort study of 3.6 million adults in the UK. Lancet Diabetes Endocrinol. 6, 944–953 (2018).

10. Li, Y. et al. Impact of healthy lifestyle factors on life expectancies in the US population. Circulation 138, 345–355 (2018).